(48) La vida es un taxi que no hemos solicitado; nos recoge en marcha al nacer. El conductor va como loco y no admite que le digamos a dónde nos dirigimos. El es quien hace nuestro destino incierto, sobre todo por su forma de circular. Pero lo peor del viaje es mirar constantemente al taxímetro intentando calcular a cada momento lo que nos costará la carrera.
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